#TemazoThursday: ‘En El 2000’ de Natalia Lafourcade I Por René Amador.

“En El 2000”
Natalia Lafourcade
de “Natalia Lafourcade”
2002

En la literatura y especialmente en el cine existe un género conocido como “Coming Of Age” dedicado a retratar la pérdida de la inocencia y la llegada de la madurez, usualmente enfocado a describir las dificultades que marcan la transición hacia la edad adulta; básicamente toda una categoría para enseñarnos que bale berga la bida. Si trasladáramos este género a un ejemplo musical, “En El 2000” de Natalia Lafourcade sería la elección perfecta. 

La primera de las experiencias incómodas sobre las que cobra consciencia Natalia en “En El 2000” es la manifestación de la sexualidad, reconociendo el derecho de la mujer a expresar deseo (“Nos vuelve locas, un poco sonsas. Si ven a Ricky Martin en revistas lo recortan”) pero repudiando su hipersexualización por parte de de los hombres (“Ni un tonto loco que sea baboso, no un instinto animal que el sexo vuelva loco”).

También se reconoce presa, quizá a modo sarcástico, de la absurda concepción romántica de que es necesaria una pareja para sentirse completa (“No tengo un hombre ni a Gael García, me siento tan vacía”). En contraposición, denuncia la facilidad con la que los hombres se deslindan de sus responsabilidades paternales (“En el 2000 mi hermana va a parir una célula creciente de una relación caliente, y deprimida, también ardida, odiaré a ese ser humano que se ha ido y la ha dejado”).

Además, comenta la situación del clasismo, racismo y discriminación que prevalece en nuestro país (“En el 2000 Martha es una lombriz que no deja de mirar de criticar toda la gente, de dividirla, de ser racista; existen fresas, ricos, pobres, mexicanos y panistas”. Se especula que habla en estos versos sobre Martha Sahagún, primera dama de México del 2000 al 2006).

Ante esta plena conciencia de todas las realidades anteriores, Natalia proclama su crecimiento en un coro de pegajosa melodía pero entonado con una decepción palpable. 

“Ya no soy, ya no soy
La infantil criatura, la inocencia se acabó
Ya no soy, ya no soy
La de ese cuerpo extraño, ahora siente el corazón
Ya no soy, ya no soy
La infantil criatura, la inocencia se acabó (Se acabó)
Ya no soy, ya no soy
La de ese cuerpo extraño, ahora siente el corazón 
A ver que pasa en el siguiente día"

El videoclip de la canción refleja dicha transición hacia una nueva etapa de la vida valiéndose de una tradición bastante arraigada en México: La Quinceañera. La celebración del cumpleaños número 15 es un ritual significativo para las familias mexicanas, pues simboliza la transformación de niña a mujer, con toda la carga social que eso conlleva. 

Lo cierto es que Natalia no hacía más que describir el sentir de cualquier mujer a su edad. La cantante contaba con apenas 18 años cuando “En El 2000” fue lanzado como segundo sencillo de su álbum debut, que le ayudaría a distanciarse de la imagen inocente de su anterior proyecto, la agrupación de pop juvenil Twist.

“En El 2000” conectó inmediatamente con el público e inundo las estaciones de radio y los canales musicales; de la noche a la mañana Natalia se convirtió en una de las cantantes más populares del país. Esto, por supuesto acarrearía otras complicaciones, la primera de ellas el constante cuestionamiento de su autenticidad como autora por parte del público más intolerante (como en aquel conocido episodio en el que fue sacada del escenario del Vive Latino a punta de agresiones y abucheos).

Afortunadamente, tras casi dos décadas de arduo trabajo en el que ha transitado por el rock, el pop alternativo e incluso por la música popular, regional y folclórica, hoy Natalia Lafourcade además de continuar siendo una de las artistas con mayores ventas, es una exponente prestigiada y aclamada de la música mexicana. 

Al contrario del crecimiento de Natalia, es triste ver que las situaciones que denuncia la artista en “En El 2000” están lejos de mejorar: La lucha contra la objetivización de la mujer y en pro de su derecho a expresar su sexualidad libre de prejuicios sigue latente, mientras que la violencia contra ellas se acrecenta día con día; el índice de familias con ausencia de figura paterna continúa a niveles alarmantes, aproximadamente 4 de cada 10. Finalmente, el clasismo y el racismo se mantienen latentes en una sociedad donde la discriminación hacia la población indígena y la casi nula movilidad social son una constante. 

La realidad es que el crecimiento y la maduración no son procesos exclusivos al cambio entre la adolescencia y la adultez, aunque el arte utilice esta etapa para ejemplificar los grandes desencantos de los individuos con la vida. “En el 2000” nos dio a fin de cuentas una gran filosofía para sobrellevar las decepciones y, sobre todo en un año en el que la incertidumbre domina nuestra existencia, no queda más que decir:

“A ver, a ver ¿qué pasa en el siguiente día?”.

Comentarios