Reseña: ‘Róisín Machine’ de Róisín Murphy I Por René Amador.

Róisín Murphy es una de esas cantantes que nacieron para poner voz a la pista de baile: Su primer proyecto, Moloko, nació precisamente en una fiesta en Sheffield. Conocidos más bien como una banda de Trip Hop y electrónica experimental, la voz de Róisín llegó por pura casualidad a los clubes de todo el mundo gracias al inesperado éxito internacional del remix de “Sing It Back” por Boris Dlugosch.



Después de la disolución de Moloko y un primer álbum solista más inclinado al jazz, Róisín se volcó de nuevo a la discoteca decidida a crear un álbum pop, lo cual logró con mención honorífica en “Overpowered”, un trabajo donde convergieron el House, la música Disco y el Dance Pop y que no solo se llevó los elogios de la crítica musical, sino que se considera un precedente de la estética avant garde y de alta costura preponderante en el pop de los años posteriores.



A través de los siguientes años, la irlandesa decidió alejarse de la etiqueta “pop” y centrarse en música más sesuda, aunque sí concediendo ciertos momentos fugaces al hedonismo (algunos de ellos contenidos en este nuevo disco). 


No es casualidad que un año condenado al encierro y la distancia esté repleto de discos perfectos para girar frenéticamente en la pista de baile. Es el mismo denostado hedonismo y su entrega a la fiesta y al placer lo que nos ha salvado de la locura del aislamiento.


Es así que una Róisín que había estado cocinando este álbum a fuego lento, pronto se encontró consumida por una llamarada creativa producto de la necesidad de abstraerse de la seriedad de la situación mundial. Y entonces, casi 8 años después del lanzamiento de la primera canción que formaría parte de esta obra, llegó el monumental ‘Róisín Machine’. 


Musicalmente, a pesar de ser una vuelta a la vena más pop de Murphy, está muy lejos de ser material del Billboard Hot 100. Róisín va más allá de la búsqueda de estribillos infalibles, que aunque están presentes en los irresistibles sencillos ‘Something More’, ‘Incapable’ y ‘Murphy's Law’ son mínimos en comparación a las estructuras menos convencionales del resto del álbum.


 


En realidad la cantante es fiel a su amor por los clubes y ‘Róisín Machine’ construye su mezcla de House, Nu-Disco y pop electrónico a base de loops repetitivos que se reproducen hipnóticamente hasta lograr el éxtasis de la misma manera que lo construiría un DJ en una noche desenfrenada en Ibiza (lugar donde Murphy reside la mitad del tiempo). Los ejemplos más claros de esto son las tremendas ‘Simulation’, ‘Kingdom Of Ends’, ‘We Got Together’, ‘Narcissus’ y ‘Jealousy’.



En el aspecto lírico ‘Róisín Machine’ nos lleva por muchos senderos desde ‘We Got Together’ que repite esa misma frase durante casi toda su duración convirtiéndose en una demanda de interacción social en esta etapa de aislamiento (‘We move together, we step together, we groove together, we got together. Exactly what I need”) hasta “Incapable” que busca la subversión al ser una atípica canción pop sobre una mujer que no se puede enamorar.


Sin embargo, ‘Selfish Mademoiselle’ nos regala unas estrofas que podrían resumir perfectamente el álbum, sus intenciones, sus objetivos y sus efectos: 


“How dare you sentence me

To a lifetime without dancing

When my body's built for feeling

And keeping good time and keeping good time

I know I shouldn't really be dancing at a time like this

Oh but I can be a selfish mademoiselle”


¿Cómo te atreves a sentenciarnos a una vida sin baile?… Nuestra sentencia es indefinida y probablemente aún estemos muy lejos de volver a las discotecas, los conciertos y los Raves, pero ‘Róisín Machine’ pasará a la historia como uno de los discos que logran instalar el Studio 54 en nuestras habitaciones y/o transportarnos a Ibiza a través de nuestros auriculares.


‘Róisín Machine’ tiene mucho en común con sus destacados contemporáneos entregados a la pista de baile, ‘Future Nostalgia’, ‘What´s Your Pleasure’ y ‘Chromatica’; aunque si quisiéramos equipararlo con otro álbum, al traer el regreso de una leyenda de la música dance al contoneo debajo de las bolas disco tras una serie de placas más experimentales, 'Róisín Machine' sería nada más y nada menos que el ‘Confessions On A Dancefloor’ de Murphy.

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