Reseña: 'Folklore' de Taylor Swift I Por René Amador.



14 años de carrera han sido un larguísimo viaje para Taylor Swift: Comenzó como una cantautora adolescente con aspiraciones de ocupar el lugar de superestrella country que había dejado libre Shania Twain con su largo receso. Paulatinamente Swift logró uno de los crossovers más sorprendentes al pasar del country al pop con dos álbumes que la catapultaron como intérprete y compositora a nivel masivo, ‘Red’ y ‘1989’. Con su siguiente producción, ‘Reputation’, no sólo se consolidó como una de las artistas más populares del globo (quizá la más) sino que también se adueñó de la controversia y la polémica que aquello conlleva. Finalmente, apenas poco menos de un año atrás, dejó a un lado los conflictos para volver al romance y la inocencia en ‘Lover’.

(Taylor Swift, 2006).

Tras siete álbumes en los que ha demostrado un crecimiento constante y con los que ha conquistado el mercado internacional, era más que necesaria una vuelta de tuerca. Afortunadamente esta llegó antes de lo esperado y de manera sorpresiva. El 24 de julio de este extraño 2020, Taylor lanzó su octava producción que lleva como título ‘Folklore’, con un anuncio de apenas 16 horas de antelación.

Pero más sorpresivo aun que lo inminente del lanzamiento fue el conocer a los colaboradores principales en el proyecto: Además de el usual Jack Antonoff, nos dejó boquiabiertos descubrir entre ellos a dos de las figuras más importantes el indie folk, Justin Vernon (cabeza de Bon Iver) y Aaron Dessner (miembro y compositor de los prestigiosos The National).

Una vez enterados de lo anterior, intuir la dirección musical del álbum es sencillo, ‘Folklore’  es un trabajo pop con sensibilidad indie folk. Con Dessner como principal co-escritor, es inevitable escuchar sus habituales arreglos de piano que plagan la mayoría del álbum (‘The 1’, ‘Cardigan’. ‘The Last Great American Dynasty’, ‘Seven’ ‘ Mad Woman’, ‘Hoax’), aunque con alguna concesión del protagonismo al banjo (‘Invisible String’) o a las cuerdas (‘Epiphany’). 


La colaboración con Bon Iver (‘Exile’) también encuentra cimientos en el piano para poder crecerse con un pegajoso estribillo y discretos arreglos de cuerdas. Mientras tanto ‘Peace’, que en realidad también es co-escrita por Desnner y no por Vernon, contiene reminiscencias innegables a ‘Perth’ de los anteriormente mencionados Bon Iver.


Las piezas que en cierta medida cruzan las fronteras del folk son aquellas en las que participa Antonoff. ‘My Tears Ricochet’ es un número medido en instrumentación pero enorme en melodía lo que lo convierte en el momento pop por excelencia del disco. ‘Betty’ representa un regreso a las raíces country de la cantante. Por su parte ‘Mirrorball’, ‘August’ y ‘This is Me Trying’ se encuentran mucho más cerca del rock alternativo de la década de los 90’s y con algo más de distorsión en sus guitarras no desentonarían en el repertorio de The Cranberries o Soccer Mommy. 


A pesar de todas las luminarias que participan en este álbum y sus grandes aportaciones, es la pluma de Taylor Swift la que guía ‘Folklore’ a su grandeza y no únicamente desde el ámbito musical, sino también desde la perspectiva lírica. 

La artista que antes había sido criticada por letras pueriles y/o cursis hoy hace gala de refinadas cualidades narrativas, como por ejemplo las desplegadas en el “triángulo amoroso adolescente” como ella misma llama a la triada formada por ‘Cardigan’, ‘August’ y ‘Betty’, donde se cuenta la historia de un triángulo afectivo desde la mirada de cada uno de los involucrados. 

 En ‘The Last Great American Dynasty’ utiliza la historia de la antigua dueña de su actual casa en Rhode Island, Rebekah Harkness, para reflexionar sobre las críticas que ha recibido por su vida amorosa. 

‘My Tears Ricochet’ echa mano de la imaginería fúnebre al estar cantada desde la perspectiva de un fantasma, para comentar su escabrosa relación con su antiguo sello discográfico, Big Machine Records.

Otros ejemplos de los tópicos tratados en las canciones son el alcoholismo (‘This Is Me Trying’), el machismo en la industria (‘Mad Woman’), y la actual pandemia de COVID19 (‘Epiphany’).


Es destacable el hecho de que Swift, en un momento de su carrera comercialmente infalible haya decidido aventurarse a dar un giro estrepitoso en su estilo. Un álbum continuista habría funcionado igual de bien (se estima que ‘Folklore’ apenas a una semana de su lanzamiento sorpresa ya ha vendido cerca de dos millones de copias a nivel mundial). Sin embargo, la artista ha tomado el camino difícil, demostrando un compromiso con la evolución artística.

¿Podríamos haber imaginado hace una década, cuando ‘You Belong With Me’ abarrotaba la radio y la televisión, que hoy estaríamos juzgando un álbum de Taylor Swift bajo los mismos parámetros (y con los mismos colaboradores) que un trabajo de Sharon Van Etten, Sufjan Stevens o The National? Ciertamente no. Y ahí yace la importancia de ‘Folklore’. El octavo álbum de Swift es el resultado de la madurez y crecimiento de una artista que aun sin tener ya nada que probar como intérprete y compositora se ha entregado a la ambición para crear una obra que se ha ganado comparaciones con eminencias de la talla de Joni Mitchell.

(Taylor Swift, 2020).

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