Reseña: 'Corazones' de Los Prisioneros (1990) [30° Aniversario] | Por Marlene Rivas.


El inicio de una nueva década trajo consigo ánimos renovados alrededor del globo y para Chile no fue la excepción, presenciando en el periodo de 1988 a 1990 una transición hacia la democracia tras la realización de un plebiscito y las primeras elecciones libres para poner fin a la dictadura encabezada por Augusto Pinochet en 1973.

A través de los duros años del régimen de Pinochet, surgieron voces de protesta en la música, entre las cuales destacaron Los Prisioneros, una banda nacida en 1983 con  Jorge González (voz, bajo), Claudio Narea (guitarra y coros), Miguel Tapia (batería y coros).


Hacia 1984 la banda lanzó su primer álbum bajo el sello independiente Fusión y producido por el mismo Jorge González. Con un terminado crudo pero lleno de arreglos emocionantes que se mueven entre el Post-Punk, New Wave y Ska la banda ya se perfiló como una de las más creativas, directas y temerarias de la época, al contar con un alto contenido político y social en las letras de cada una de las canciones, de las cuales destaca por ejemplo "Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos".


Dos álbumes después ("Pateando Piedras" y "Cultura de la Basura") llegó el 20 de mayo "Corazones".

La creación del álbum estuvo a cargo -casi en su totalidad- por Jorge González debido a una serie de infortunios entre los miembros de la banda. Por un lado, Miguel Tapia tuvo problemas al tramitar su Visa y no pudo viajar a Los Ángeles para unirse a la producción del disco al lado de Gónzalez y el prestigiado productor argentino Gustavo Santaolalla. Por otro lado, entre González y Narea habían surgido una serie de tensiones derivadas de un idilio amoroso entre la esposa de Narea y Jorge, por lo cual declinó acompañarlo a Estados Unidos. 

Gustavo Santaolalla y Jorge González en el estudio (1990).

Con tal libertad creativa y las emociones a flor de piel, Jorge decidió dar un giro dramático al sonido de la banda y llevarlo hacia el Synth Pop, Hip-Hop y el House, influenciado por el sonido de actos como Soul II Soul, The Human League, Rick Astley, Pet Shop Boys y Run DMC. Por el lado lírico, las influencias recaen en grandes exponentes de la música en español como Camilo Sesto, Julio Iglesias y los propios Ángeles Negros. 

En el flanco lírico, González vertió una cascada emocional a cada uno de los tracks, los cuales fluyen entre la melancolía, el deseo, la explosividad de la pasión y con menor extensión pero con gran brillo, la denuncia social.  

Es así como el disco abre en “Tren al sur” con un icónico riff de sintetizador, una caja de percusiones acompañada de un bajo sobrio y la sorpresiva intervención de un charango –un instrumento típico andino. El track funciona perfectamente como partida hacia el alucinante viaje sonoro que se desarrollará al ir descendiendo en cada una de las canciones. 


Luego le continúa “Amiga mía”, quizás la pieza más melancólica e íntima del disco, la cual describe una amistad de límites difusos y que tiene relación directa con el conflicto romántico que atravesaba en ese momento. Vocalmente, Jorge va de graves a agudos con una emotividad y maestría en el manejo que destacan. 


Tal es la carga emocional del track, que cuando Javiera Mena prestó su interpretación para reversionarlo, encontró un nuevo matiz que dota de una nueva profundidad a la creación de González. 


“Con suavidad” y “Por amarte” son dos tracks que contienen confesiones del lado más ardiente y oscuro del deseo sobre bases de House y Synth Pop. 

Amarte es mi estupidez, es mi suicidio
O debo haber estado, bastante loco
Amarte es el peor error, inevitable
Si al menos yo estuviera hecho de piedra

“Corazones rojos” es un track que resalta de manera obvia en el disco por la inclusión de Hip-Hop y Rap mezclados con inyecciones de Rock a través de estridentes guitarras. Tal combinación sirvió como base para contar de manera “satírica” el papel oprimido de las mujeres en la sociedad. 
Si bien, el disco con cuenta con tantos pronunciamientos sociales como en sus anteriores entregas, “Corazones rotos” destaca por mucho al denunciar de manera fuerte y clara uno de los problemas más enraizados y que a treinta años de su creación, resuena –para bien y para mal–con más fuerza y validez. 

Recientemente, el colectivo chileno autor de uno de los estandartes más representativos del movimiento feminista actual, la canción “Un violador en tu camino”, hizo un cover para “Corazones rojos” en donde además añadieron una continuación a la letra. 

 

“Cuéntame una historia original” esconde debajo de una gran producción que juega entre Rap, Disco y House una dura crítica hacia las perspectivas pasivas y pesimistas  sobre la vida.  

“Noche en la ciudad (Fiesta)” retoma el House y el personaje satírico para contar desde una perspectiva hedonista y conservadora la visión de una ciudad en donde no todos caben. 

“Estrechez de corazón” es indudablemente el track más representativo del álbum, el cual resume con maestría el trabajo en las letras, el cual desemboca un caudal extraordinariamente emotivo y el trabajo sonoro, el cual se mueve a un ritmo upbeat en cada una de las capaz de instrumentación electrónica y que muestra un guiño en la base al clásico de la música disco “I Feel Love” de Donna Summer.


“Es demasiado triste” cierra con una melodía grandilocuente que tiene reminiscencias de “Blue dress”    de su contemporáneo “Violator” de Depeche Mode. En el último track, se retrata de manera hiperrealista un viaje en espiral hacia una causa perdida. 

El trabajo plasmado en "Corazones" se ha convertido indudablemente en un referente para la identidad musical latinoamericana actual, ya que al despojarse de los preceptos del Rock y explorar el potencial de otros estilos musicales y otros recursos líricos (embebidos principalmente en el pop), sentó un precedente para que las bandas y actos por venir tuvieran un espacio creativo de posibilidades infinitas. Esto aunado a los largos años de represión y censura han motivado una generación de artistas chilenos (Los Tres, Gepe, Javiera Mena, Dënver, Pedropiedra, Alex Anwandter, Francisca Valenzuela, Mon Laferte, Fakuta y muchos más) cuya fuerza y voz nació, precisamente, de todas aquellas que fueron silenciadas. 

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